miércoles, 24 de diciembre de 2008

La Final

El esperado y ansiado final llegó. Debía llegar en algún momento. Desde el mismo nacimiento de esta utopía llamada “Tenis por un Asado” que se esperaba el desenlace. La jornada final fue muy calurosa, el sol de diciembre haciendo gala de lo que deparará este verano.

El final fue vaticinado con antelación. Claro, vaticinarlo a posteriori no sería vaticinio. Para el primer turno se jugaría la final. Raro, sí, generalmente el partido trascendente se deja para después. Pero la clase dirigente todo lo puede y se optó por ver primero la final y luego el partido por el tercer puesto.

Pero antes de todo estaba Sbarbi y sus locas ganas de pegarle a todo lo que venga del otro lado. Pero no había rival. Loni con su partido de otra cancha, Mónaco retirado y Llanes llamado a silencio. ¿Quién juega con Sbarbi?

Siempre a alguien que es capaz de dejar de lado sus propios intereses, por poco tiempo, porque no se puede estar siempre pensando en los demás.

Basta de nada, porque hasta ahora no se contó nada. Apenas si se dibujó algo del contexto.

Sábado 20 de diciembre de 2008. Los ecos del desatino de un tal ferchodelarua han caído al vacío y al fondo del arcón de los malos recuerdos. Sol de verano en el último día de la primavera. Calor, mucho calor. Barbi, dejando de lado su fucsia natal, vestido de blanco esperando que alguien llegue para jugarle, hacerlo correr.

Duelo de eses (no leer heces), duelo de petisos, duelo de dobles faltas. Sbarbi-Spinazzola, por otra ese (no leer hece) más: una Stella. El juego comenzó previsible. Spinazzola sin mayores sacrificios (guardando energía para su partido posterior), con golpes certeros y saques eficientes lo llevaba cómodo. Pero Barbi cuando quiere puede, y puso las cosas parejas. Gabriel las desemparejó, llevándose el primer set por un largo siete cinco.

El segundo set comenzó por el mismo carril con Gabriel liderando cuatro uno. Ya se habían ido las energías que se estaba guardando. Una estela es una estela, y en tal caso se especulaba con un Rey volcado en el fondo de alguna copa vacía de burbujas. Javier, que todo lo puede, pero a veces no se da cuenta cómo, emparejó (otra vez) las acciones en cinco iguales. A todo esto, ya estaban presentes los actores principales de la tarde, pero nada querían saber con ingresar al recinto de fuego, perdón de juego. Refugiados en las sombras de los pinos del dofón de la cancha, daban indicaciones a Javier de cómo ganarle a Spina y le preguntaban a Spina de que si le ganaría más tarde a Rey. Calor mediante, cansancio mediante, dos horas de juego mediante, cayó Sbarbi en otro siete cinco y se fue a ver si tenía guita para garpar la birra.

Ahora sí, por fin, la hora de la verdad había llegado. Seguía el calor, pero Ramm y Beati debieron abandonar las frescas sombras del avellano (eran pinos, lo sé, pero una canción de Perales habla que en una sombra fresca un avellano, perdón por la digresión). Entraron al campo de fuego, sorry una vez más, de juego. Ramm confiando, Beati con su rostro tipo Mr T (Clubber Lang) en Rocky III. Se devoraba todo con su cara bulldog, hambre de gloria, sed de venganza, odio irradiaban sus ojos, energía pura.

Se desvaneció. Gritó, pegó, hizo puntos muy buenos. Pero sacó mal y definió peor. Además del otro lado estaba Rogelio Ramm. Te mata. Te cansa. Te corroe. Como un roedor que se va comiendo la cuerda hasta dejarte caer. Despacito te devuelve, de derecha cruzada, de revés paralelo, con esláis si no llega. Te saca fuerte cuando se siente acorralada, como una gata siamesa que sólo recibe caricias, andá a atacarla. Así se fue el primer set, seis tres a favor de Rogelio y Beati veía que la imagen de Nadal (invocada en secreto antes de ingresar a la cancha) se derretía por en el calor de la tarde.

Pero el tenis es esperanza. Siempre se puede ganar si hacés el último punto. Digo, si lo hacés para vos, si lo yerrás lo hacés vos pero es para el otro, fuisteS.

Siguió Ramm con su estrategia de desmoronamiento. Y lo desmoronó. Beati sin quedó sin Morón y sin Luján, no habría necesidad de cumplir nada de haber ido caminando a ningún lugar. Iban cinco a uno a favor de Ramm. Beati al saque. Hubo un match point. Lo zafó. Pero ya estaba derruido, corrompido, roto, quebrado, exhausto, desalmado, noqueado, derrumbado, maltratado, acabado, aniquilado, derribado, aplastado, anulado, minimizado, destruido, demolido, derrocado, desparramado, sin fuerzas, sin aires, sin futuro, sin armas, sin posibilidades, sin chances, sin oportunidades, sin ganas, sin ideas, sin sentidos, sin cuerpo, sin probabilidades, sin saques. Porque levantó el match point encontra, pero se hundió en una doble falta. Nuevo match point y lo improbable, lo imprevisible, lo raro, lo extraño, lo nunca visto, lo inimaginado, lo imprevisto, lo increíble: abandono.

Habráse visto cosa semejante. La energía tan evaporado hasta queda en nada. Nada de nada. Hasta la dignidad de perder se le fue. Al menos será el único al que Ramm no le hizo doce sets.

Todos los méritos para Cristian Ramm, campeón de punta a punta de Tenis por un Asado.

La tarde no aflojaba con las temperaturas. Ya estaba en la platea el tercerfinalista Rey. Contra presagios desatendidos, no había volcado en ninguna copa vacía de burbujas. Lejos de ponerlo bien, andaba enojado por eso.

También estaba el Spina. Se había ido a las duchas a reponerse del esfuerzo el partido del primer turno. Lo aclaró: “cero excusas”.

Todo empezó a favor de Rey. Un cuatro a cero que invitaba a terminar una tarde más temprano de lo previsible e ir a ahogarse en un mar de estelas. Pero allí no más, Gabriel sacó algo de lo que tiene, de eso que en la etapa de clasificación hace que casi le gane a Rey, que casi le gane a Beati, que casi le gane un set al champion. Pero ya se escribió por acá que nunca hay lugar para los casi. Entonces, el casí se murió en dos y el set fue para Rey por seis dos. Pablo hizo su juego efectivo, saque cortado pero muy pocas dobles faltas. Revés con slice (casi siempre cruzado y corto), derecha con top cruzada y profunda y derecha semi plana al revés de Spinazzola. Parecía que con eso alcanzaría.

Tampoco hay lugar para lo que parece. Parecer no es ser. Aunque para los ojos de los demás pueda ser. Rey se cansó y entregó, prácticamente, el segundo set. Seis cero para Gabriel, y como en la etapa anterior, a tercer set.

Y parecía más de lo mismo que el primero. Porque Rey, rápidamente, se puso uno a cero. Pero lo que parece no es, y más rápidamente Gabriel lideraba cuatro a uno. Y parecía que Gabriel daría la nota de dejar de ser gallina. Pero lo que parece no es, y Rey renació como quisiera que renazca su rojo querido (el dirá que aún no ha muerto el rojo) y se puso cinco a cuatro. Y ahora sí, parecía que Rey sería rey y cerraría el juego. Además, se terminaba el alquiler de la cancha, se caía el satélite, no habría transmisión radial ni televisiva para las masas. Desde la platea alta se hoy a Rogelio Mr champion Ramm pedir un tie break cuando Spinazzola emparejó (hacia abajo porque el juego era contra el fuego de calor, no contra el otro) las acciones en cinco. Volvió a parecer que era para Spina, porque sacaba 30-0. Porque fue a la red. Porque Rey devolvió a media altura y al medio de la red. Porque era un smash sencillo. Porque Gabriel le pegó con todas las fuerzas que le quedaban. Pero lo que parece no es. Rey la encontró y la devolvió para decir: “ojo que acá estoy (todavía)”. Y estuvo. Hubo alguna chance para que Gabriel llevara las cosas a un tie break (aunque el reglamento habla de a dos de diferencia). Se terminaba el tiempo. Spinazzola tenía ventaja para quebar e igualar en seis. Marró tres tiros seguidos, y gloria se fue con Rey. 6-2 0-6 7-5 para un merecido tercer puesto.

Tenis por un Asado llegó a su fin, es tiempo, ahora, de comerlo.

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