sábado, 13 de diciembre de 2008

Realidades (im)posibles

No siempre tu sábado arranca un viernes. Fiesta, cerveza, rubia o morocha, una nami, morocha o rubia (ojo que si ambas son coloradas todo bien). Es fácil, ella se entrega, toda, a full, ves las estrellas aunque esté nublado. No siempre pasa, pero puede pasar.

No siempre te cae un cliente desesperado un sábado por la mañana. Y como venís dulce, por la morocha (no importa el amargor de la rubia) le pegás en la cabeza, le cortás el cogote. El tipo paga, está desesperado, claro.

Y venís tan bien también, que apostás cosas ilógicas en el torneo de tenis por un asado.

Y venís tan dulce, empalagado que ni en pedo se dan tus presagios.

La lógica tiene la fuerza de miles de años de ser lógica. Iajeuta, lógica de ierda.

Rey lo llevó a tercero, aún perdiendo en el segundo por cuatro uno. Beati se deshizo en dobles faltas y errores de todos los colores (¿soñaba con un festejo con rubias, morochas y pelirrojas?). Rey lo tuvo para partido. Sacó cinco tres, pero spinazzoleó. Fue a cuatro cinco con el beati-servis. Tuvo su oportunidad de ver a divina gloria. Pero Beati sacó de la galera las credenciales de la lógica. Siete cinco para la mentada final (lógica).

Luego llegó Ramm todo golpeado, emparchado, contracturado. Siempre apurado por jugar, por imponer su estilo, su juego, su supremacía Broune.

Enfrente Spinazzola, que no se fue con ninguna de ningún color (además toma agua), y no garcó a ningún cliente, pero igual quería ganar. Querer no es poder. Apenas en el segundo set (luego de un seis uno) metió algunos saques y tiros interesantes. Murió en tres. Lo llevaba tres uno, y se fue seis tres.

La lógica y la obvia se enfrentan el sábado por la deseada final: Ramm - Beati, Beati - Ramm. Rey y Spinazzola proponen un duelo interesante por un decoroso tercer puesto.

De todas las realidades posibles, ningún milagro inesperado se hizo presente.

No hay comentarios: